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Seydi y Wendy viven en uno de los muchos
barrios pobres que serpentean cada vez más alto a lo largo de las
colinas secas y pedregosas alrededor del pequeño centro de Tegucigalpa.
Es uno de estos barrios en los que la mayoría de los jóvenes
pasan el excesivo tiempo libre del que disponen, por falta de trabajo y
de perspectivas, en bandas juveniles popularmente llamadas “maras”.
Allí la violencia diaria ha enterrado cualquier tipo de escrúpulo.
Ambas muchachas forman parte del equipo de fútbol femenino del Proyecto
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En el club Motagua Femenino juegan las otras dos
muchachas, Cristel y Kenia. Cristel viene de una familia de clase media
y sus padres son profesionales que poseen puestos de trabajo estables. Cristel
sacó su bachillerato en el Colegio María Auxiliadora, un centro
de enseñanza privado gestionado por una congregación de monjas
católicas. Actualmente es alumna en la UNITEC, la universidad privada
más prestigiosa de Tegucigalpa.
La cuarta muchacha es Kenia, hija de un empresario que posee una fábrica
de cemento y bloques, que tras haber sacado su bachillerato en el exclusivo
y privado Colegio Del Campo, está a la espera de una beca para poder
estudiar en EEUU.
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